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La frase del título la dijo Keynes, pero, ¿a qué se refería exactamente? Él lo ejemplificaba con el concurso de belleza keynesiano, un concurso (imaginado por él) en el que los jueces son recompensados por escoger las caras más populares entre los mismos jueces.

Keynes imaginó un concurso en el periódico (no había internet en la época de Keynes) en donde los participantes tenían que escoger las 6 caras más bellas entre cientos de fotografías, aquéllos que eligieran las caras más populares entre el público serían los que ganarían un premio. Una estrategia ingenua sería escoger los rostros que parezcan más atractivos a uno mismo, pero una estrategia más elaborada con la intención de maximizar las probabilidades de ganar el premio sería pensar en cuál es la percepción de la mayoría de belleza y así hacer la selección pensando en qué será más popular para todos los participantes.

Esto, pudiera ser escalado a otro nivel más profundo tomando en cuenta que cada participante tiene una opinión de cuál es la percepción de la mayoría (esto me recuerda un poco a la película Inception de Christopher Nolan donde hay un sueño dentro de otro sueño). Esto podría escalar así sucesivamente a varios niveles de profundidad.

“No se trata de elegir aquellas [caras] que, según nuestro criterio, son realmente las más bonitas, ni siquiera aquellas que la opinión media piensa genuinamente como las más bonitas. Hemos llegado al tercer grado en el que dedicamos nuestras inteligencias a anticipar lo que la opinión promedio espera que sea la opinión promedio. Y creo que hay algunos que practican el cuarto, quinto y grados superiores”.

Keynes creía que esta analogía aplicaba al mercado de valores, donde en vez de caras bonitas lo que se está buscando es cuáles serán las compañías más rentables, donde el flujo de dinero de los inversionistas fluye a las empresas que el público cree que serán las más rentables y analistas tratan de anticiparse cuáles serán esas empresas que el público crea que serán las más rentables.

Por eso no es de mucha utilidad observar rendimientos pasados al momento de invertir (aunque siempre nos vemos tentados a ello, instintivamente), porque lo que reflejan son las expectativas que ya pasaron y no dan pistas que permitan “anticiparnos a las anticipaciones” de otros, tarea que es mucho más compleja.




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